Érase una vez una niña con chispitas en la mirada…
Le gustaba sentir el aire y el sol en la cara, trepar por los árboles, colgarse de sus ramas y hacer acrobacias y piruetas. Le encantaba sentir que todo giraba y ver el mundo al revés, hasta que regresaba a la tierra, con ilusión por contarles a todos lo que había sentido.
Cuando iba al mar, se quedaba hipnotizada con el ir y venir de las olas, se dejaba llevar flotando ligera, le entusiasmaba bucear profundo, casi tanto, como enterrar sus pies en la arena.
Una de sus sensaciones preferidas era las cosquillas que sentía cuando a veces, desde una loma pequeña, saltaba al vacío y “volaba”… en pura libertad.
Le encantaba explorar y adentrarse en lugares en los que no “se permitía ir a los niños”, caminar en equilibrio por superficies estrechas y elevadas, galopar a lomos de su caballo compañero…. y conversar con los animales, los árboles, la luna y las estrellas.
A menudo, viajaba a otros mundos y disfrutaba jugando con seres “invisibles” que ella sí veía…
Y por supuesto, le gustaba soñar, incluso con los ojos abiertos.
A veces, parecía estar en las nubes, perdía la noción del tiempo. Ella no lo sabía, pero en esos instantes eternos estaba en plena sintonía con su alma, sentía la magia y la esencia de la vida. Sentía su magia, su esencia.
Con el paso del tiempo, creció, conoció otros mundos y formas de ver la vida, hubo muchos momentos en los que se alejó de su alma, momentos en los que ya no soñaba, en los que, incluso, olvidó su magia…
Viajó, exploró, descubrió y… empezó a recordar.
Recordó que venimos de las estrellas, recordó que la magia está presente en todo lo que existe, recordó que, para ella era fundamental estar en profunda conexión y armonía con su corazón y con su alma.
Y emprendió el camino de regreso a su esencia.
Sigo en ese camino de regreso a mi esencia… afortunada y agradecida a mi niña interior por acompañarme y recordarme lo esencial.
Me sigue encantando sentir el aire y el sol en la cara, enterrar mis pies en la arena, sentir el ir y venir de las olas del mar y de la vida, bucear en las profundidades del alma y la consciencia, compartir, reír, elevarme, girar y ver el mundo al revés, caminar por la tierra y fundirme con el cosmos, conversar con la luna y las estrellas… saltar al vacío y sentir una y otra vez la Magia…
En el camino de “regreso a mi esencia” cada vez siento y constato con más claridad que todos los seres existimos en Unidad, que formamos parte de un hermoso e infinito entramado, en el que Todo y todos estamos conectados, que aprendemos unos de otros y que necesitamos sentirnos acompañados, valorados y apoyados en nuestro recorrido vital.
Hace unos años, tras recibir formación en yoga, meditación, relajación, terapia transpersonal, reiki y otros métodos de crecimiento personal, sentí la llamada para acompañar a otras personas en sus procesos vitales.
En el 2009 empecé a compartir las enseñanzas y prácticas de yoga, meditación y relajación, en distintos grupos y pueblos de la comarca del Alto Palancia, a través de entidades locales. Y a atender en consultas individuales para el bienestar.
Durante unos años, hasta el 2018, seguí compartiendo y profundizando en esos conocimientos y prácticas. También me formé en Sofrología, en PNL e Hipnosis y otras formaciones que, en mi opinión, se completan entre sí, ya que de una forma u otra, se enfocan en el ser humano, en sus valores, en su naturaleza espiritual, en la consciencia, en el alma y en cómo vivir una vida plena, llena de sentido, en conexión con el Ser profundo.
A principios de 2019, tuve la gran fortuna de abrir mi propio centro en Segorbe: “Esencia – Yoga y Bienestar”, desde el que poder ofrecer todos esos servicios en un espacio propio, un espacio muy especial para mi.
Unos años antes de que ese espacio apareciera en mi camino, mi alma me mostró el símbolo que representaba la esencia de lo que quería transmitir…
Esencia es un espacio creado para promover el bienestar…
Desde el inicio, mi intención ha sido y es la de ofrecer un espacio apacible y cálido, en que el visitante se sienta tan acogido como en el hogar de su corazón.
Un espacio donde las formas, los colores, las texturas, la luz, los sonidos, los reflejos y los aromas se armonizan e invitan a la calma.
Un espacio creado y cuidado para acompañar, desde el respeto y la empatía, para compartir, aprender y crecer.
Un espacio para el silencio, la escucha, para expresarse libremente, en confianza.
Un espacio en el que poder dedicarse un “momento eterno” de cuidado, de descanso, de renovación.
Un espacio que nos lleva a nuestra propia “esencia”.